III Poesía Galla | Mónica Gameros |Lectura Online

I

                  Si me refugio en el silencio

                  busco el hueco donde habito.

Poesía      es mi forma de existir,

es dibujo de lo que somos,

humana sí: piel, carne, huesos/ existencia convertida en plaga/ músculos que se suicidan a cada segundo/ neuronas en perpetúa rebeldía/ se desbordan y se escurren entre las grietas del silencio.

Abnegado, venenoso, 

marchita…

-Carne grasa huesos/ todos en conjunto, encendidos por el deseo que gime con toda libertad-

Caderas y vientre/ una semilla que produjo otra semilla.

Sueño y aspiro la imposibilidad

todos los días.

 

Me engolosinan todos los vicios de la vida y pienso: – Si este mundo está lleno de muchos mundos, si esos mundos están hechos por otros seres y cada quien es una galaxia,

por qué he de serlo carne, sólo vientre, sólo una

cuando soy

semilla del tiempo.

 

 

II

VOZ de fuego ECO del silencio.

ESPACIO dentro del vacío,

lanzo versos, BROTAN, se escurren,

SE ESCAPAN.

Paso la pluma sobre la frente, 

sobre el vientre, 

sobre todo lo inmundo.

 

Elegí todo lo prohibido.

Me negué a ser silencio.


VOZ fuego SILENCIO, eco.

Mi sombra juega a la muralla que abre el infinito.

Mi lengua, llena de palabras,

NUNCA SIRVIÓ PARA OTRA COSA…

Elegí POESÍA.

 

 

III

 

HEREJÍA

                                                 ………. A Don Octavio

Sauce de piedra sobre lata, charco de agua. Una raíz que nos convierta en danzantes del delirio. Un río que curvo, camina; indeciso,  

                                                                             va, viene, retrocede y gira.

Canto de agua que sale por los ojos 

                             hasta inundarlo todo

 

Un andar entre el follaje del futuro que no existe 

y el aciago resplandor de la miseria, cual ave de rapiña

convierte todo anuncio inesperado; 

como un soplo, fortalece.

Incineración de la mirada,

la misma que sostiene viva la bestialidad del primitivo.

Suspiro ante el fulgor de luces,

de colores con colas de fuego que violan la noche pura,

eterna, sin retorno. 

El mundo con sus torres de vigía,

cuevas de Ágata que compran el mar de lujuria

-puro, casto, virginal– tan virgen como la nube que de día,

asalta la calma de los varones,

la hora lasciva que busca un cuerpo para reafirmar al mundo, 

posee el cuerpo transparente que, lujurioso y maquiavélico,

al reconocerse entre galerías, rebota el sonido.

Silencio. Prohíben toda perversa lujuria… Resulta absurdo.

Monto, arqueo; dialéctica me sostienen; me safo, giro y gimo…

Sobre mi cuerpo, los pudores se convierten en un pequeño error

caligráfico y, entre borrones, 

se transforman en sombras de la negación,

mutan a colmillos  rabiosos

                                                 – devastados por el tedio del fracaso –

Si te vi, lo olvidé.

Sigo en mi delirio, extasiada sigo y me convierto en lo que tocas.

Vas por mi cuerpo como un vago sin casa, sin destino, sin futuro.

Mis senos campanarios rompen al silencio,

incendian los cuerpos en los albores del día.

Sus miradas asedian,

destruyen la muralla que me aleja de la oscura sosobra.

Me transforman invisible durazno que cae entre las rocas,

picoteado por los pájaros jaula,

por los pájaros incendio escarlata.

E. s. t. a. l. l. o.

Rompo el silencio bajo la ley del absorto que sólo quiere trascender,

mas no por la poesía. 

Lo desecho.

Vestida soy brasa,

en tu pensamiento, sigo desnuda. 

En tus ojos, soy veneno para las bestias que de mí beben

y el colibrí se vierte como ave Phoenix 

desde el incendio del veneno de mi boca

– poesía esparcida en el agua de tus ojos; desde el oscuro silencio, me enredo sobre tu cuerpo, absorbo tu deseo, inyecto lujuria con lengua, te envuelvo, te siento –

Levanto mi falda de cristal y me convierto en diluvio que te baña; 

que te purifica y te aparta de la bestialidad que sólo sabe de guerra  y de ganar batallas.

Si te digo no, te despeñas

y, estrellado en lo imposible, renaces sin cuerpo. 

Ciego, buscas a tientas y ni siquiera sabes que me extravías

entre veranos loto,

entre rostros sin gestos,

inmaculados, sin recuerdos,

sin manos, sin toque,

sin sentido.

Eres jauría en bosque,

encuentras refugio de mí.

Lluevo sobre tu hocico.

 

 

Buscas sin querer y me encuentras en estas palabras, 

sigues revolviéndolo todo, 

dominado por la duda.

 

La bestia siempre te atrapa; 

en mí, ves un venado pardo, 

lleno de fresca agua de lluvia.

 

Soy todos los pájaros celestes que se te escapan al filo de la noche, 

envuelta por hiedras que se encienden en cuanto me despojo del pudor

-tan clásico tan rústico tan aburrido-.

Espina en el desierto que te hiere cuando la tocas, vértigo y enredadera, escritura del pájaro que te sobre vuela.

 

 

No hay nada frente a ti.

Sólo un instante que te permite ser hombre de noche,

sólo un momento de gozo.

Sobre mí,

te quemas, te apagas.

 

 

Soy instante de ciudades derruidas por la desolación del tiempo que nos desgrana. 

Sin sosiego, gritamos.

Tú, relámpago.

Yo, trueno sonoro.

Desierto, vacío.

 

El tiempo cae sobre nosotros,

es maremoto que eleva las aguas y las lleva a las presas

llenas de sangre; ahí…

Las purifica.

 

Mis ojos/ desértica arena de palabras

que se escurren sobre mis caderas de piedra.

En mi boca, el tiempo es demonio.

 

Mi cuerpo es casa de espejos rotos que no te dejan ver tu reflejo,

camino infinito, sin entrada ni salida, silencio.

 

Circulas por mi talle como un loco atrapado en el Borda, 

con navaja en mano y tus muñecas, protegidas con las mías,

se convierten en palomas que sobrevuelan.
Soy el fulgor del filo del borde & mis palabras abren tu pecho.

Vacío, te desvaneces, vacío, te pudres.

Nada queda de ti. 

 

Eres sordo llano, arrebatado por ojos de piedra, por caderas de nubes, por el agua de mí en cascada.

Suelto tus manos, te lanzo al abismo.

El filo del despeñadero te espera entre olas verdes, raídas trampas. 

 

Cerrado como el tiempo, eres ruina de muros desvencijados.  

– Quieres creer en el milagro porque te salvaría, pero lo sacro ha dimitido contigo & te deja al desamparo de ser hombre y no Dios-

 

-No quiero ser tu puta, no soy Eloísa-

 

Si te beso, renaces. Me reconoces agua fresca, venado pardo,

estrella que cae sobre la arena.

Tumbada,  sombra que vaga detrás de ti, me conviertes aeroplano,

aprendes de mi euforia/ flotamos entre el azul y el verde de mi pecho de agua/ bebes, te inundo…

Te humedezco salmón terco.

Subes por mi talle, empecinado en buscar tu pronta muerte/ escalas por mis piernas y me penetras/ te hundes en océano negro, lamento que suave, gime,

soy río, cascada a carcajadas y tú, salmón terco, trepas y entras; te hundes & al morir, dejas tu humanidad clavada en la arena.

Encuentras redención/ minuto a minuto/ sigo en mi delirio,

sigo en tu delirio/ amor, codicia de miserables.

 

Si tienes miedo al vuelo, te elevo tan alto, tan lejos de la tierra,

sólo para que amanezcas.

Si tienes miedo es porque te aferras.

Retrocedes porque  piensas en la caída salmón,

ahora convertido en Ícaro, montado en el sol que soy, 

temes la caída, mas, terco, te hundes,

buscas ahogo y lo que encuentras

es vida.

 

 

IV

De dónde esta memoria que invisible me permite reconocer lo que en ese momento observo y sé qué es.

Cómo es que veo lo que nadie nota,

cómo es que visualizo lo que a los demás se niega,

por qué soy el oráculo intermitente

que nunca sabe qué hacer con todo lo que ve.

 

A dónde van las apariciones que ante mis ojos danzan,

que muestran su carne.

Caigo en su juego y cuando las noto

me es imposible dejar de observarlas.

 

Adicta a la imagen, la deconstruyo,

siempre encuentro su por qué, 

de alguna forma,

siempre la veo.

la contemplación es en mí una forma de alimento que brota del viento y flota hasta que seduce, llena los sentidos, provoca la dulce adicción y vuelve sin aviso…

 

En medio de la gran sala, en medio de la plaza árida,

en medio de la multitud cual marabunta,

continua, se desplaza,

sin pensar mucho en ello, sólo avanza,

sólo se mueve sin sentido,

guarda silencio y avanza,

guarda silencio y ciega

atropella mi lenta contemplación.

 

Guarda silencio y pasa por encima con el tiempo a cuestas

como una lápida pesada.

 

Marabunta ciega,

carga sobre la cara todo el tedio de una existencia sin sentido;

muda, olvida las palabras, los significados, los códigos;

sólo avanza, sólo atropella.

Cegada por idolatría al dios metálico,

autómata persigue al dios dorado sin alcanzarlo,

sin preguntarse

si es un dios digno de ser perseguido. 

Sólo lo siguen y avanzan…

Marabunta muda y ciega, pierde la ruta y se encarrila directo al matadero y yo en medio, contemplo, me detengo y contemplo.

 

La visión me fue dada con dos mantos de agua,

en ellos se reflejan las nubes de palabras inconexas que vagan por las calles, de los versos con quiénes deambulo en esto que llaman vida.

 

Tomo las imágenes que se quedan atascadas en el fondo de mis ojos,

las embotello dentro de poemas,

las suelto por todos lados, incluso

las abandonó sobre el mar violento de la rutina y las veo hundirse,

ahogarse,    des   a   pa   re   cer.

Las pongo sobre las astillas de ruinas que habitan la negación,

mas nada sirve, nunca /nada/ es suficiente.

Botella poema del naufragio, dentro de la necedad del marginal o en el privilegiado desierto, el poema  flota en espera de ser reflejo y permanecer.

En tanto, mis ojos de Casiopea hieren en el mismo sitio,

siempre el mismo.

 

 

Escribir todos los días, exponer el fondo de lo que somos…

Escribir igual que respirar:

los segundos convertidos en palabras,

la vida convertida en nuestra historia.

 

Apenas somos una espora en medio de un océano de galaxias,

todas juntas,

en la punta de una pestaña.

 

 

 

V

Escribo desde un sueño perpetuo, de lo contrario, sería estática barca de estrellas apagadas.

Floto sí & sigo a la caza de la turbulencia, en medio de la nada.

 

Me gusta la negritud del vacío

& escribo para libar en silencio el caos mientras suspiro; 

escribo desde que el silencio se me trepó para nunca abandonarme,

Ni muerta,- dijo y yo le creí…

 

Silencio y tiempo, una puerta se abre.

Me ahogaba y escribía por una cercanía que no requiere nada sino ser. 

Letra a letra, el monólogo y el sinsentido…

… Escribo, porque soy vacío.

 

 

VI

Así cada noche, cada día, incluso madrugada, mientras duermo, 

mi cabeza escribe y mis labios versan;

aún dormida, escribo sueños,

busco recuerdos en medio de la hoguera.

Así las manos/ extendidas como hojas blancas,

sin tinta, sin luz, sin sombra/ blancas como nubes, como luna, 

como la nada.

Escribo para escapar de la melancolía.

Escribo para no ahogarme con las palabras que brotan

como ojo de agua. Así las manos, la tinta, la nada/ así mi sombra, mi sombra muda/ inmutable, se escurre por la hoja, se refugia/ se salva del olvido.

 

 

VII

La poesía vibra sobre las patas del saltamontes que brinca de una nube a otra, vibrante canto eléctrico, monta sobre la brisa convertida en imagen, habla desde el centro del instinto hasta el siguiente universo.

Poesía, parvada, racimo de destellos,

fragmenta al abismo, estalla; multiplica los fragmentos, 

cristaliza lo efímero, busca lo eterno y, a cada segundo,

alimentan su Apocalipsis.

La poesía sigue siendo poesía,

a pesar de la telaraña del metal,

a pesar del silencio.

 

 


VIII

Nací el mismo día que Zapata.

Un par de meses antes de mi primer alarido, los halcones cayeron en picada, provocaron muerte, se llevaron a varios & dejaron la sangre sobre la calle mientras Janis Joplin, Doors y Hendrix, cantaban desde la luz de la eternidad.

Estridencia pura, melodía: las canciones de cuna para mí hablaban de amor, de lo inútil de la guerra, de la estupidez en voz de Dylan.

Nací entre vallas, changos con placa, retenes para la inconformidad de toda una generación y ejércitos de bestias que usaban guantes blancos, agua mineral y bolsas de plástico para robar inconformidad, luz para torturar.

Nací entre gritos de libre rebeldía, entre mujeres gritando por sus cuerpos encerrados en cuadrados estereotipos, nací entre gente que se aferró al amor.

Lo irónico, el amor flotaba, pero nunca se posó al pie de mi cuna.

 

Si nací con un grito, moriré igual;

me niego a morir por temor al silencio, a su eco, al vacío que ocupa

y antes, justo antes del último aliento,

aullaré para que la luna venga por mí.

 

Llevo la etiqueta incorrecta, por eso no dejo de ocupar silencios,

me clasificaron y no dejo de prender fuego a la etiqueta.

Mi vicio es observar el ardiente abismo, la orilla de la desolación.

Necio, etiquetas mi voz, etiquetas mis palabras, etiquetas mi amor.

¿A caso sólo soy un volcán con caderas?

¿A caso el fuego que me impulsa es el hielo que te separa de esta voz que te llama, que te busca, que pretende ser tú con tal de que vengas, uses tu voz, alces la brasa, prendas fuego, abandones la ausencia?


IX

Jugando a ser flores de la noche

me enarbolo, me expando.

Crujo y conecto al cielo con las raíces de mi cuerpo,

el fuego de mi vientre es la neblina.

 

 

 

X

Así respiro, así escribo… A cada aspiración el óxido lo corroe todo
y lento, desprendo polvo estelar, sudo nubes, lloro diluvios, divido pangeas en cada euforia. Así pienso, así escribo lo que siento, lo que veo y lo que no alcanzo a ver, a veces nubes sobre mares, a veces montañas tragando nubes, así percibo, así escribo, cada palabra es un trazo, una línea, un círculo, un mándala, a veces sombras, a veces luz, a veces nada, sólo un punto suspendido en medio de la nada eterna, un punto, un punto.

 

XI

Ay iridiscencia, ya no te salgas,

¿a dónde vas que más te quieran?

Me abandonas, te escurres

& mis dedos se duelen de tanto

que te extrañan…

Cómo volverás sino sobre labios

que besen mis dedos.

Cómo volverás sino en palabras.

Mezcal en la punta de los dedos,

palabras destiladas,

sobre la incómoda realidad,

sobre la pura verdad que mi boca, muda,

esconde.

Qué esperanza que vuelvas como remolino,

que arranques todo, que vengas con lenguas,

que vengas y te metas de nuevo en estas gélidas manos,

en estos dedos que se duelen de tanta nostalgia & luego

el polvo que se desprende del anhelo; al final

se quedan, esperan, extrañan

& la lluvia nos recuerda que te has ido

poco a poco, como llovizna,

como tormenta que no cede, perseverante,

te has ido sin mirar atrás,

sin decir nada, sin dejar nada de ti

ni el más misero recuerdo,

sólo nostalgia, melancolía

& esta inmensa extrañadera.

 


XII


Escuchar el siseo del cielo.

Un suspiro efímero.

Llega de muy lejos. Se levanta,

cual tsunami, toca el suelo.

Se va. Vuelve.

Humedece mi tedio.

 

Melancolía,

la Eternidad se apaga.

 

Qué sabes de la desolación.

Qué impulsa mi desidia.

Qué hago ahora que no tengo opción.

 

Suspiro del cielo, me llueve, me lluevo,

digo tu nombre,  caigo.

Nadie, nada,

detiene mi caída.

 


XIII

Hablan del poder que me da que una parvada me siga…

Dicen que tenga cuidado, cuidado como quién dice alto,

y me miran como si fuera algo extraño.

Que sé de eso si llevo mucho silencio en los bolsillos,

mucho rato posponiendo el salto.

– Cuidado-, dicen y me pregunto qué saben de eso,

si nunca han visto el olvido, y qué sé  yo de eso,

si me sostengo de las nubes todo el tiempo.

Si vivo en eterna lucha con mi volcán

y me gusta llover sobre la boca de ese animal que tanto me gusta.

Sólo atino a sonreír mientras mis palabras

se convierten en racimos de uvas que exprimo,

que libo sin recato.

– Alto-, dicen si lo convierto en el olvido que bebo

y en el fuego que aspiro.

Sólo atino a estar sola mientras camino, estiro mis pasos,

sobria, me pierdo, busco el hoyo del conejo y me cuelgo de la risa de un gato,

tomo las palabras y las convierto en palomas que vuelan tras mi sombra, soy en todo caso, la lluvia que moja tu cama,

la era que embotella su desierto,

el olvido sin frontera, la palabra sin garganta,

el absurdo encapsulado en una pantalla de bulbos.

 

 

XIV

Enciendo la brasa que destruye al barullo,

las palabras se quedan dentro,

el silencio, la música de mí.

 

Existencia,

si soy el reflejo del universo

hacia el universo lanzo mi aliento;

si soy polvo de estrellas,

a las estrellas dedico mi existencia.


MONICa
GAMEROS